miércoles, 8 de enero de 2014

BELLISIMA POR DENTRO

Romanos 8:1-11 … el ocuparse del Espíritu es vida y paz. —Romanos 8:6 Es una casa bastante sencilla junto a una carretera muy transitada. Al carecer de rasgos distintivos, es fácil no prestarle atención. Pero el otro día, cuando pasé por allí, vi un cartel en el jardín: «Se vende», al cual estaba pegado otro aviso más pequeño que anunciaba con agrado: «Es bellísima por dentro». Aunque no tengo interés en comprar otra casa, el cartel me llamó la atención. ¿Qué podría convertir esta casa supuestamente intrascendente en bellísima por dentro? También me llevó a preguntarme: ¿Podría ese cartel aplicarse a nosotros como seguidores de Cristo? Piénsalo. Sin importar cuál sea nuestro aspecto exterior, deberíamos tener una belleza interior que revele el amor de Dios y su obra en nuestra vida? ¿Qué dice la Biblia sobre la belleza interior? Podemos empezar con Romanos 7:22: «Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios». Algunos versículos más adelante, en Romanos 8:6, Pablo habla de una mente controlada por el Espíritu, caracterizada por tener «vida y paz». En Gálatas, vemos que permitir que el Espíritu controle nuestro ser interior producirá el «fruto del Espíritu» (5:22), un hermoso racimo de cualidades, tales como amor, gozo, paz, paciencia y benignidad. Deleitarnos en las Escrituras y permitir que el Espíritu obre en nuestro corazón nos hará bellos interiormente… y dará como resultado una vida que honra a Dios. La rectitud de corazón produce belleza de carácter.

martes, 7 de enero de 2014

ENFRENTAR EL PASADO

Hechos 9:20-30 … trataba de juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo. —Hechos 9:26 Chuck Colson, fundador de Prison Fellowship [Ministerio carcelario], pasó 40 años ayudando a personas a oír y entender el evangelio de Jesucristo. Cuando murió, en abril de 2012, un artículo en un periódico se titulaba: «Charles Colson, el hombre de los “trucos sucios” de Nixon, muere a los 80 años». Era sorprendente que un hombre tan transformado por la fe fuera identificado por cosas que había hecho como asistente presidencial políticamente inescrupuloso décadas antes de conocer al Salvador. La conversión del apóstol Pablo y su testimonio cristiano inicial fueron recibidos con escepticismo y temor. Cuando empezó a predicar que Jesús era el Hijo de Dios, la gente murmuraba: «¿No es éste el que asolaba en Jerusalén a los que invocaban este nombre, y a eso vino acá…?» (Hechos 9:21). Más tarde, cuando fue a Jerusalén y trató de unirse a los discípulos, estos le tenían miedo (v. 26). En los años siguientes, Pablo nunca ignoró el pasado, sino que hablaba de él como una prueba de la misericordia de Dios (1 Timoteo 1:13-14). Al igual que el apóstol Pablo, no es necesario que hagamos alarde de nuestros fracasos ni que finjamos que nunca ocurrieron. En cambio, podemos dar gracias al Señor de que, por su gracia y poder, nuestro pasado ha sido olvidado, nuestro presente es diferente y nuestro futuro se ilumina con la esperanza de todo lo que ha preparado para nosotros. Solamente Jesús puede transformar tu vida.

lunes, 6 de enero de 2014

SUEÑOS DE LA NIÑEZ

Salmo 8 De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza… —Salmo 8:2 Hace años, les pedí a alumnos de quinto grado que prepararan una lista con las preguntas que le harían a Jesús si se presentara personalmente la semana siguiente. También le pedí lo mismo a un grupo de adultos. Los resultados fueron sorprendentemente diferentes. Las preguntas de los niños eran desde encantadoras hasta conmovedoras: «En el cielo, ¿tendré que estar sentado, vestido con una túnica y cantando todo el día?, ¿mi mascota irá al cielo?, ¿las ballenas estaban dentro o fuera del arca?, ¿cómo le va a mi abuelo ahí arriba contigo?». Casi todas sus preguntas no dudaban de la existencia del cielo o de que Dios obra en forma sobrenatural. En cambio, los adultos presentaron una línea de cuestionamientos completamente diferente: «¿Por qué les pasan cosas malas a las personas buenas?, ¿cómo sé que estás escuchando mis oraciones?, ¿por qué hay un solo camino al cielo?, ¿cómo pudo un Dios amoroso permitir que me sucediera esta tragedia?». En su mayoría, los niños viven sin las preocupaciones ni las tristezas que agobian a los adultos. Su fe les permite confiar en Dios más fácilmente. Mientras los adultos solemos perdernos entre las pruebas y las angustias, los niños mantienen la perspectiva del salmista sobre la vida: eterna y consciente de la grandeza de Dios (Salmo 8:1-2). Podemos confiar en el Señor, y Él anhela que lo hagamos como los niños (Mateo 18:3). Andar cerca de Dios aparta tu mirada de las pruebas de hoy para que veas los triunfos eternos.

domingo, 5 de enero de 2014

¿EL FIN?

1 Corintios 15:50-58 Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. —1 Corintios 15:57 A la larga, todo en este mundo llega a su fin, lo cual puede ser a veces frustrante. Es lo que sientes cuando lees un libro tan bueno que no quieres que termine. O cuando ves una película que deseas que continúe un rato más. Pero todas las cosas, buenas y malas, llegan a la parte del «Fin». De hecho, la vida misma finalmente se termina… a veces, antes de lo esperado. Todos los que hemos estado junto al féretro de un ser querido conocemos el doloroso vacío de un corazón que desea que eso no hubiera sucedido. Gracias a Dios, Jesús entró en el campo de batalla de las frustraciones fatales y, mediante su muerte y resurrección, nos da esperanza. En Él, el «fin» es el preludio a una eternidad sin muerte, y palabras tales como «se terminó» son reemplazadas por un «para siempre» lleno de gozo. Como nuestro cuerpo no es eterno, Pablo nos asegura que «todos seremos transformados» (1 Corintios 15:51) y nos recuerda que, por la obra triunfante de Cristo, podemos declarar con confianza: «¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?» (v. 55). Por eso, no dejes que tu corazón se angustie. Nuestro dolor es real, pero podemos abundar en gratitud porque Dios «nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo» (v. 57). En Cristo, el final es solo el principio.

sábado, 4 de enero de 2014

CORAZONES DESCARRIADOS

Éxodo 32:21-35 … este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro. —Éxodo 32:31 El otoño pasado, una carretera de la ciudad donde vivo estuvo cerrada durante varias horas porque un camión con ganado había volcado. Las vacas habían escapado y vagaban por la autopista. Ver esta noticia sobre ganado a la deriva me hizo pensar en algo que hacía poco había estudiado en Éxodo 32 sobre el pueblo de Dios que se había alejado de Él. En el reino dividido de la antigua Israel, el rey Jeroboam erigió dos becerros de oro para que el pueblo adorara (1 Reyes 12:25-32). Pero la idea de adorar trozos de oro no había sido originalmente suya. Aun después de escapar de una esclavitud brutal y ver el poder y la gloria del Señor, los israelitas de inmediato permitieron que sus corazones se alejaran de Él (Éxodo 32). Mientras Moisés estaba en el monte Sinaí recibiendo la ley del Señor, su hermano Aarón ayudó al pueblo a descarriarse construyendo un ídolo con la forma de un becerro de oro. El escritor de Hebreos nos recuerda que la ira de Dios se encendió ante esta idolatría y sobre los que andaban «vagando en su corazón» (Hebreos 3:10). Dios sabe que nuestro corazón tiene tendencia a descarriarse. Su Palabra deja claro que Él es el Señor y que no debemos tener ni adorar «otros dioses» (Éxodo 20:2-6). «Porque el Señor es Dios grande, y Rey grande sobre todos los dioses» (Salmo 95:3). ¡Él es el único Dios verdadero! «Todo aquello que desees más de lo que quieres a Dios, es un ídolo». —A. B. Simpson

viernes, 3 de enero de 2014

LA CAMPAÑA

Romanos 15:1-7 Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación. —Romanos 14:19 Todos los años, los jóvenes de nuestra comunidad participan en la campaña Sé amable, dirigida por una organización de salud mental. En 2012, 6.000 estudiantes llevaron sobre su ropa durante los eventos deportivos de sus escuelas las palabras SÉ AMABLE. Un director declaró: «Queremos que los alumnos asistan a la escuela y aprendan sin que el miedo, la tristeza o la preocupación al estar con sus semejantes los distraigan. Estamos esforzándonos para asegurarnos de que los alumnos se edifiquen unos a otros, en vez de hostigarse». Pablo quería que la gente de la iglesia de Roma tuviera un estándar del amor aun más elevado. Tanto los fuertes como los débiles en la fe se juzgaban y descalificaban entre sí (Romanos 14:1-12). Se despreciaban cuando discutían sobre qué alimentos estaban permitidos (vv. 2-3) y qué fiestas debían guardar (vv. 5-6). Pablo los desafió: «Sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación» (v. 19). Les recordó que debían ocuparse sinceramente de agradar a los demás y no a sí mismos. Dijo: «Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo…» (15:3), sino que sirvió. Únete a la campaña de amar a los demás a pesar de nuestras diferencias… así glorificarás a Dios (v. 7). La amabilidad es simplemente amor desbordando en pequeños detalles.

jueves, 2 de enero de 2014

DIOS DE A TORMENTA

Job 37:14-24 Él es Todopoderoso… —Job 37:23 Una mañana temprano, el viento empezó a soplar y las gotas de lluvia golpeaban mi casa como si fueran piedrecitas. Eché un vistazo por la ventana, al cielo gris amarillento, y observé mientras los árboles se balanceaban con el viento. Surcos hechos por los rayos iluminaban el cielo, acompañados de truenos que hacían temblar. La electricidad iba y venía, y yo me preguntaba cuánto duraría el mal tiempo. Cuando pasó la tormenta, abrí mi Biblia para empezar el día leyendo las Escrituras. Leí un pasaje de Job que comparaba el poder del Señor con la fuerza en la atmósfera de una tormenta. Eliú, el amigo de Job, dijo: «Truena Dios maravillosamente con su voz» (37:5). Además, «Él cubre sus manos con el relámpago, y le ordena dar en el blanco» (36:32 lbla). Sin duda, Dios es «grande en poder» (37:23). Comparados con Dios, los seres humanos somos frágiles. No podemos auxiliarnos espiritualmente, sanar nuestro corazón ni remediar las injusticias que solemos soportar. Felizmente, el Señor de la tormenta se ocupa de personas débiles como nosotros; «se acuerda de que somos polvo» (Salmo 103:14). Es más, «da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas» (Isaías 40:29). Dado que Dios es fuerte, puede ayudarnos en nuestras debilidades. Dios es la fuente de nuestra fortaleza.