jueves, 24 de abril de 2008

¿POR QUE VINO EL ESPÍRITU SANTO?

Antes de que Jesucristo abandonara la Tierra, después de Su resurrección, reunió a sus discípulos y les dijo que cuando El volviera al Cielo, enviaría al Espíritu Santo de regreso a la Tierra. ¡El Espíritu Santo viviría de verdad dentro de cada creyente! De hecho, ¡el mismo poder que hizo resucitar a Jesús de entre los muertos podría entonces controlar la vida de todo cristiano!
El ministerio del Espíritu en la vida de los creyentes toma muchas formas.
Para empezar, hace que nos demos cuenta de nuestros pecados. Recuerda que es un Espíritu Santo, lo cual significa que es puro. Cuando nos llena, lo hace para purificarnos, para santificarnos.
También resuelve nuestras dudas, esas preguntas fastidiosas relacionadas con nuestra salvación. Nos convence de que realmente somos hijos de Dios, como lo afirma la Biblia.
El Espíritu Santo hace que la presencia de Jesús sea verdadera en nosotros. Cuando Jesucristo estuvo en la Tierra, pasó mucho tiempo con sus discípulos. Les enseñó, respondió a sus preguntas. Fue su amigo más íntimo. Con razón se afligieron tan profundamente cuando El los dejó.
Fue a ellos a quienes Jesucristo se dirigió con estas palabras: “Y yo rogaré al Padre y El os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre; es decir, el Espíritu de verdad…” (Juan 14:16,17) El llegó, tal como lo prometió Jesús, y ha estado con nosotros desde entonces, logrando que Jesús sea tan real para todo cristiano como si estuviera entre nosotros en carne y hueso.
El Espíritu Santo hace muchas otras cosas.
Nos enseña.
Nos ayuda cuando no sabemos orar, e intercede por nosotros: “Y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestras debilidades; porque no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26).
Nos da fuerza, fuerza sobrenatural. En efecto, Jesús dijo a sus discípulos: “Pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros…” (Hechos 1:8).
¿Fuerza para qué? Pues, para muchas cosas, pero, primordialmente, para ser testigos de Jesucristo. Llenos del Espíritu Santo, aquellos discípulos dejaron de ser un grupo derrotado y cobarde, de gente dispersa y sin rumbo, para transformarse en un audaz ejército de guerreros espirituales que retaron, y derrotaron las fuerzas del infierno que tenían esclavizado al mundo.
Sin embargo, tal vez lo más maravilloso que hace el Espíritu Santo es producir la vida de Jesús en nosotros. Cuando le permites al Espíritu Santo tomar control de tu vida, entonces Jesús, con todo su carácter y toda su personalidad, se siente a gusto en ti. Amará y vivirá a través de ti. Empezarás a ver en tu vida lo que la Biblia llama el “fruto del Espíritu”: el amor, la alegría, la paz, la paciencia, la bondad, el bien, la fidelidad, la dulzura y el dominio de ti mismo. No ocurrirá de repente, pues ningún árbol da frutos de la noche a la mañana. Pero día a día verás cómo se transforma tu vida a medida que adoptes el carácter de Jesucristo. ¡Esto sí que es emocionante!